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OLÍMPICOS | España, el primer campeón olímpico completamente Sub-23
Publicado por: Diego Córdoba a las 13:38

Por Diego Córdoba/Foto: El Mundo 

Debido a la postergación para el próximo año de Tokio 2020 por la pandemia mundial que estamos viviendo, hace unos días la FIFA en un fallo histórico anunció que el límite de edad para los futbolistas será de 24 años (con la excepción de tres refuerzos “adultos”), aumentando la restricción en uno y así no castigar a los jugadores clasificados que cumplirían la “mayoría de edad”.

 

Por primera vez en casi tres décadas el balompié de los anillos sufre un cambio en su formato de participación, una reforma que se venía jugando desde la edición de Barcelona 1992 y que ha resultado tanto exitosa como polémica, un estilo hecho a la medida para el máximo ente del fútbol planetario para no quitarle peso a la Copa del Mundo.Sin embargo, los Olímpicos han servido de vitrina para el descubrimiento de nuevas estrellas y selecciones que no figuraban en las competencias adultas.

 

Después de estudiar varios casos, si iniciar o no con en el último campeón del antiguo formato (Seul 1988) o ir lleno con los pioneros Sub-23, y con asesoría de José Ángel González (@poetadelrelato) a quien agradezco por aclarar las dudas al elegir el tema, revisaremos a la Selección Española, nada menos que los locales que al inicio de los 90 sirvió como base para sus posteriores logros europeos y mundiales tanto a nivel selección como clubes. En este nota repasaremos su campaña y las figuras que dejó el combinado ibérico.

 

Nuevos aires  

El 17 de octubre de 1986, una vez que Barcelona fue electa y anunciada como la ciudad sede de los Juegos Olímpicos de 1992, se inició un plan revolucionario para hermosear la Ciudad Condal, efecto que la transformó en punto turístico de clase mundial y la segunda economía de España detrás de Madrid.

 

Pero la revolución no solo llegaría al plano urbanístico de la capital catalana, también se aplicó en el balompié donde por primera vez en casi un siglo de olimpismo se restringiría de forma etaria a los jugadores: profesionales de hasta 23 años de edad con un máximo de tres excepciones “adultas”, anuncio hecho mientras el COI era presidido por el catalán Juan Antonio Samaranch para así evitar que la cita de los anillos se transformara en un “mini mundial” y que las grandes potencias convocaran a sus planteles estelares.

 

Este fue un gran desafío para el técnico de la Roja Europea, Vicente Miera, quien ya cargaba en sus espaldas un gran fracaso: la no clasificación de la absoluta española a la Eurocopa de ese mismo año organizada en Suecia. Su “castigo” fue ser rebajado de la selección adulta a la olímpica y a la postre sus últimos duelos al mando de un seleccionado nacional en todas sus categorías.

 

La gran crisis que pasaba el fútbol español desde la Eurocopa ganada en 1964 pero sumado a la excepción de la histórica primera Copa de Europa (actual Champions League) de F.C. Barcelona meses atrás sirvieron de inspiración para que Miera armara su equipo en búsqueda del oro. Para eso designó como su ayudante al hispano-húngaro Ladislao Kubala, antigua gloria e ídolo del cuadro culé (importante para la selección de la nómina final); además se adelantó a los tiempos contratando a fisioterapeutas y psicólogos, inédito en el fútbol español; también innovó con incorporar partidos de pretemporada y concentraciones fuera de la ciudad condal para evitar la presión de los aficionados, los poderes políticos y los medios de comunicación: los lugares fueron un resort y reserva natural en Palencia y luego Valencia, esta última una de las subsedes olímpicas y que, por coincidencia, albergaría todos los partidos de España hasta la semifinal, decisión que no le agradó a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ya que querían que el equipo compartiera con sus colegas en la Villa Olímpica.

 

 

Concentración con rebeldía

A pesar de tener el derecho de reforzar al equipo con tres “adultos”, Vicente Miera decidió armar su lista final de 20 jugadores completamente sub 23, formando la sangre nueva que jugaría de local y sembraría la esperanza hacia el futuro del fútbol español. En esa lista destacan los nombres de los arqueros Toni Jiménez y Santiago Cañizares, los volantes Luis Enrique García y Josep Guardiola, y los delanteros Francisco “Kiko” Narváez, Alfonso Pérez y José Amavisca, capitaneados por el defensa Roberto Solozábal. Así se formó la “Quinta del Cobi”, en honor a la mascota de los Juegos Olímpicos del mismo nombre y que en poco tiempo entró en el corazón de los catalanes. Sin embargo, el trayecto a la gloria no fue para nada fácil.

 

54. Esos fueron los días en que el equipo olímpico estuvo concentrado hasta la final por la medalla de oro repartidos entre la reserva, la ciudad de la Comunidad Valenciana y Barcelona. Un aislamiento que inició con una prenomina de 34 convocados para luego reducirse a 24 y terminar con la veintena oficial. En casi dos meses se vivieron buenos, malos y pésimos momentos: desde pasar horas encerrados jugando villar en medio del campo hasta paseos por los senderos solo para gritarse e insultarse entre ellos, catarsis liderado por el jefe del cuerpo psicológico, Jesús García Barrero; pasando por las carreras de karting clandestinas y sesiones de relajación con olores de perfumes, bocinazos y el estruendoso bombo de Manolo, el famoso seguidor de “La Roja” que los acompaña desde el mundial organizado en su país en 1982.

 

Pero el punto máximo de tensión se vivió con la RFEF. Ya con los antecedentes de no concentrar en la Villa Olímpica, el presidente de la Federación, Ángel Villar, puso trabas en las negociaciones de los premios si lograban conseguir una medalla; esto molestó a los seleccionados que prefirieron “jugar gratis”, decisión comunicada por el capitán Solozábal. Este sería el primer golpe hacia el ente dirigido por Villar.

 

 

Inicio de algo histórico

Como costumbre y una de las rarezas que tiene los Juegos Olímpicos, el fútbol siempre comienza antes de la ceremonia de inauguración, en este caso fue un día antes. España fue sorteada en el grupo B junto con Colombia, Egipto y Qatar. El primer desafío sería ante los cafetaleros de una futura leyenda: Faustino Asprilla.

 

El estadio Luis Casanova (más conocido como Mestalla) y escasos 18 mil fanáticos fueron testigos del debut hispano. Un cómodo 4-0 con anotaciones de Guardiola, Kiko, Berges y Luis Enrique. Los pocos espectadores en el estadio (en comparación a las casi 50 mil gradas de aforo del recinto) demostraban que la ciudad de Valencia no estaba tan entusiasmada con los Juegos, hasta ahora.

 

Post victoria vendría otra rebelión de los jugadores. Tanto el DT Miera como la Federación les prohibió ir al desfile de inauguración para privilegiar el descanso. Solozábal otra vez tomó el mando y bajo la consigna “o desfilamos o no jugamos” se les cedió un vuelo privado para decir presentes en la ceremonia junto al resto de la delegación española. El carácter desobediente del plantel se exhibió al salirse de los protocolos solo para saludar al mítico Dream Team del basquetbol estadunidense, otros rebeldes de la época.

 

El poco tiempo de descanso para el próximo duelo no fue impedimento para derrotar a Egipto por 2-0 (Solozábal y Soler). Ya asegurada su clasificación a los cuartos de final, quedaba Qatar, repitiendo marcador (Alfonso y Kiko). España terminó primera en su grupo con rendimiento perfecto: tres victorias y ningún gol en contra.

 

A medida que pasaban los días, Valencia se encariñaba más con los Juegos Olímpicos y se hizo sentir con casi 30 mil hinchas que asistieron a la final anticipada entre los locales y la Italia dirigida por Cesare Maldini y Marco Tardelli. Catalogado tácticamente como el mejor partido de los locales, los hispanos vencieron por la cuenta mínima con obra de Kiko, duelo marcado por la mala anulación de un gol a los italianos terminando el compromiso. Cuatro días después cerca de 40 mil espectadores visitaron Mestalla pata alentar a su selección que vencía por 2-0 a Ghana (Abelardo y Berges). Final alcanzada, una medalla estaba asegurada, pero ese grupo claramente quería superar la plata obtenida en Amberes 1920, hasta entonces el mayor logro olímpico.

 

 

El antes y después

Por primera vez en dos meses, el equipo sub 23 se concentró en Barcelona, precisamente en el lujoso hotel Rey Juan Carlos, una de las obras importantes que dejó la mega remodelación de la ciudad. Para su sorpresa, coincidieron –una vez más- con el Dream Team y la tenista alemana Steffi Graff. Otro desorden a la vista por un grupo que exigió alojarse en la Villa Olímpica ante los rumores de fiestas permanentes. La prohibición de Miera y la RFEF originó la última estocada fuera de la cancha: rechazaron aparecer en la foto oficial junto a los altos directivos en el hall del hotel.

 

Solo quedaba el duelo por el oro en la capital mundial del deporte, el escenario fue el imponente Camp Nou ante más de 95 mil personas que, en algo inédito, ondearon con orgullo la bandera española en una zona que todavía vivía las secuelas del franquismo.

 

Pese al excelente nivel mostrado durante todo el campeonato, La Roja se iría a vestuarios con un 1-0 abajo, gol marcado por Wojciech Kowalczyk en tiempo agregado. Ese fue el primer tanto que recibió Toni Jiménez, único futbolista en jugar todos los minutos del torneo y quien fue la gran sorpresa al quitarle el puesto a Cañizares, doble mérito si se tiene en cuenta que, a diferencia del resto de sus compañeros, era el único que participaba en un club de segunda división, Figueres.

 

La llegada de los reyes Sofía y Juan Carlos al estadio tras presenciar el oro de Fermín Cacho en 1.500 metros planos coincidió con el ingreso de Amavisca y la remontada de los ibéricos en el segundo tiempo. Al 65’ un cabezazo de Abelardo pone el empate transitorio y cinco minutos después Kiko sella un 2-1 que parecía definitivo. Sin embargo, Ryszard Staniek aprovechó un gran error defensivo para empatar el partido a falta de 15 minutos. El destino quiso que todo se definiera en el 90’. Un tiro de esquina ejecutado por Albert “Chapi” Ferrer permitió que Kiko, tras una serie de rebotes, marque un doblete histórico que desataría la locura total en Barcelona. El oro se quedaba en casa y se escucharía por primera vez el himno de España en el fútbol olímpico.

 

Dos meses de preparación en silencio, con momentos tensos y con una gran cuota de rebeldía permitieron que esa generación reescribiera para siempre los libros del deporte hispano, la piedra angular de las posteriores Eurocopas 2008 y 2012 y la Copa del Mundo de 2010. Varios jugadores siguieron sus carreras de manera exitosa tanto en la cancha como en el banquillo, sacando los casos más reconocidos de Guardiola –que curiosamente jugó con la dorsal 9 en ese torneo- y Luis Enrique. La “Quinta del Cobi” que fue el reflejo de unos Juegos Olímpicos revolucionarios, marcando en fuego y para siempre a la cultura catalana y al deporte español.

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