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OPINIÓN | Lo que el dinero (todavía) no puede comprar
Publicado por: Diego Córdoba a las 10:37

Por Diego Córdoba | Foto: Getty

El titular lo tomamos prestado –o se lo robamos por un rato- a una conocida tarjeta de crédito que lo utiliza como slogan y es a la vez uno de los auspiciadores Premium de la UEFA Champions League. Y por supuesto este escrito tiene mucho que ver con los millones de euros y dólares que rondaron en la final atípica que se vivió este domingo en la burbuja de Lisboa, Portugal.

 

Hemos visto en los últimos diez años la llegada de los nuevos ricos disfrazados de rebeldes en Europa, los que pretenden cambiar el status quo, romper lo establecido y marcar records. En parte está bien, al final es lo lindo del deporte y de la vida misma, y para eso es necesario tener los recursos necesarios para lograr los objetivos a corto y largo plazo. Si es con una billetera gorda, mejor aun, sin importar que todo el capital provenga de tierras externas al club.

 

Están los casos del Manchester City, amparados por los lujos de una reconocida aerolínea catarí; el ejemplo de RB Leipzig que fueron bendecidos con el líquido de una energética que “te da alas” y el modelo quizás más grotescamente exitoso de todos: Paris Saint-Germain (o PSG para los amigos), conjunto que hizo una campaña histórica en Europa pero que cayó en la final a manos del hoy por hoy mejor equipo del mundo, Bayern Munich, por la cuenta mínima.

 

El plan a largo plazo instaurado en junio de 2011 por el magante qatarí Nasser Al-Khelaïfi, hijo de recolectores de perlas y un irregular tenista profesional, sirvió de negocio redondo para cambiar en 180º toda la historia de un conjunto, y los números lo avalan: siete Ligue 1, cinco Copas de Francia y siete Supercopas de Francia; palmarés inimaginables antes de la llegada del jeque.

 

En estos tiempos puede incluso doler al revisar que este modelo de negocio es el futuro del fútbol y de varios deportes, más tomando en cuenta que los orígenes de todo el presupuesto de los parisinos viene de Qatar Sports Investments (QSI), organización que invierte todo lo recaudado a la actividad deportiva de su país y que obviamente no escatimó en gastos para fichar a lo mejor de lo mejor: Neymar, Zlatan, Mbappe, Di María, Cavani, Buffon, Navas y una larga lista de jugadores; acumulando más de 1.300 millones de euros… Y contando.

 

Cuesta creer que el rey de Francia haya tenido unos orígenes humildes hace 50 años, cuando apenas lograba hacerse un nombre en París para lograr sus primeros títulos nacionales, pasando por el control de una cadena de televisión europea para de a poco cimentar su camino a convertirse en lo que es ahora, un equipo que claramente le quedó chico su país pero que todavía no logra salir de esa esfera.

 

Es cierto: la plata bien invertida puede generar felicidad, placer, comodidades, estatus y poder; más si hablamos de la actividad más practicada en el mundo la cual genera pasiones y divisiones. Incluso borrar y rearmar la historia, para bien o para mal. Pero difícil que esos recursos compren alma, espíritu, identidad y sobretodo, credibilidad. “Porque el amor no se compra con ná”, como diría el amigo colombiano de Neymar.

 

PSG perdió, no logró su objetivo que ha buscado por años, pero eso no significa que el plan del catarí se detendrá, sino que todo lo contrario. Más motivos le dará para hacer y deshacer un conjunto que se hizo grande gracias a los petrodólares y al gran manejo publicitario que lo ha convertido en una reconocida marca global que incluye a la Torre Eiffel en su escudo. No será novedad si vuelve a ganar todo en Francia pero habrá que ver si de aquí a un año podremos decir lo mismo.

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