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OPINIÓN | La pelota siempre al “10”
Publicado por: Mario Moya a las 17:00

Por Mario Moya/Foto: Reuters

Hoy murió el Diego. El Diego de la gente. El barrilete cósmico, el genio del fútbol mundial. Maradona no era un simple futbolista, trascendió todas las generaciones, y también en la sociedad. No solo en Argentina, sino a todo el mundo entero.

Aquel de Villa Fiorito, que a los 16 años deslumbró con una zurda inolvidable con la camiseta del Bicho Colorado, de Argentinos Juniors, aquel que desafió a los más grandes del fútbol argentino, como Hugo Orlando Gatti,  quién lo trató de “ese gordito no puede hacerle un gol a nadie” y que le marcó cuatro en el Campeonato Nacional de 1980. Aquel que fue transferido a Boca Juniors, donde fue genio y figura, y del cual es ídolo y la “12” sigue vitoreando su nombre. Aquel que partió al Barcelona, pero no le fue bien, le pegaron y bastante en España. Incluyendo la lesión que le provocó Andoni Goikoetxea en 1983, en una temporada en que los “Culés” soñaban levantar la liga con el Diego liderando al equipo.

Aquel que fue a un equipo “pequeño” de Italia, el Napolés, un cuadro que solo sobrevivía en la Serie A. El Diego llegó y revolucionó a toda una ciudad y un país, peleando el campeonato con la Juventus de Michel Platini y que logró conseguir dos Scudettos, una Copa Italia, una Supercopa y ganar un título continental como la Copa UEFA. El “Pelusa” es amo y señor de Napolés. Tanto, que el mítico San Paolo pasará a llamarse Diego Armando Maradona.

Aquel Diego Maradona, que con la gloriosa camiseta de la selección Argentina, no fue al Mundial del 78 por ser muy joven. Pero la vida le dio una revancha tremenda. Al año siguiente fue campeón mundial juvenil en Japón, y pese al fracaso de España 1982, México se transformó en el Mundial del “Pibe de Oro”. El que marcó un golazo a Italia, el de la mano de Dios en un clásico ante Inglaterra, el que se sacó a cinco ingleses, desparramando rivales y la historia, en un Azteca que con el pasto de un metro de altura, donde la pelota frenaba, el Diego eludía al mundo. Fue campeón, levantó la Copa como capitán y permitió que todo un país festejara luego de una dictadura feroz y una guerra de por medio.

También vimos a ese Diego eludiendo brasileños con un tobillo destruido en Italia 90, para un pase magistral a Caniggia y ganarle a Brasil con “Bidón” incluido. No pudo salir campeón, vio levantar la copa a los alemanes, llorando, luego del robo en la jugada del penal que cobró el árbitro mexicano Edgardo Codesal. El Diego que se recuperó para ir a Estados Unidos 94, bajó de peso, le marcó un golazo a Grecia en Los Ángeles. Pero luego del partido ante Nigeria, la enfermera Sue Carpenter lo fue a buscar y el Diego con una sonrisa se iba a camarines, después del triunfo ante los africanos. Daría doping por efedrina, y como dijo el propio Diego, ese día “Le cortaron las piernas”. Fue la última función de Maradona con la “Albiceleste”.

Tuvo una vida de excesos, quizás como dijo el propio Diego, si no hubiese consumido cocaína, sin lugar a dudas, no hubiese tenido techo, pero fue su vida y la vivió a concho hasta la mañana del 25 de noviembre del 2020. Un año horrible, que se llevó a uno de los mejores jugadores de futbol de la historia. Aquel que hacía sonreír al balón y que hoy derrama una lágrima. Por eso, gracias a Diego Armando Maradona Franco, el balón, o como él le decía, la pelota, siempre va al “10”.

Hasta siempre, Diego.

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